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Quedan abiertos Sonrisas de Camaleón, Los Cuentos de Noe , para los que queráis leer, son tantas las letras, los momentos y el sentir vertidos en estos tres años en estos rincón.

Besos y sonrisas miles, Gracias sin sus lecturas no habrían existido mis letras.


martes, 28 de enero de 2014

Ahora sí..............

Dibujaba una sonrisa su rostro, sus brazos apoyados en el ventanal, contemplaba linda paleta violetas, azules, naranjas, del atardecer. El sol enorme abrazando la montaña en un vertiginoso salto sobre la cascada.

Fascinante, no me extraña que estuviera tan absorta contemplando tan bello experimento de la naturaleza, que no escuchara la puerta cerrarse y la alarma desconectarse cuando llegue a casa.

Un largo rato había transcurrido y desde el umbral del salón anonadado contemplaba su bella silueta frente al ventanal, su camisón de seda con fino encaje negro apenas cubría las musculosas piernas de aquella hermosa mujer.

Su cabello negro caía sobre sus hombros en forma de suave uve en semejanza a la formación del vuelo de los gansos al emigrar.

Así transcurrió el tiempo durante 10 minutos que se hicieron eternos para mi corazón, para mi cuerpo.

Ella se coloco el pelo detrás de la oreja y  recogió de la mesa que tenía a su vera un vaso de talle fino,  color verde. Se recostó en el diván, allí mismo, en el lugar que había sido su balcón hacía el dulce y tierno atardecer.

Un ronroneo me abstrajo de mi sueño, la gata se restregaba entre mis piernas en mi pantalón azul tostado dándome su calurosa bienvenida. Entonces ella se giro y su sonrisa me embrujo, como tantas otras veces.

No me atreví a acercarme a ella, mi cuerpo temblaba, mi corazón palpitaba, vivía al mismo tiempo tan cerca y tan lejos de ella. De mis labios nunca salieron palabras de amor, de conquista. La respetaba demasiado.

Había sido una buena amiga, sin dudarlo, me presto su casa, un portátil, un coche y algunos contactos, cuando mi socio desapareció de repente sin dejar pista alguna llevándose todo cuanto le fue posible. La ruina llego, aquel desfalco me había llevado a la bancarrota, ya no estaba seguro de nada ni de nadie.

¿Que hacer ahora?

Estaba seguro de que ella lo sabía, era imposible que no se diera cuenta.
Bebía de sus labios cuando hablaba, Naufragaba en sus lindos ojos cuando hablábamos, mis manos deseaban acariciar su piel en aquellos dulces momentos,  robados de  roces accidentados y provocados al mismo tiempo.

Aquella noche parecía distinta. Muy segura de si misma, su sonrisa, su mirada alegre. No se porque pero me acerque al ventanal y me coloque a su vera.


Perla que así se llamaba la gatita me siguió y se colocó entre ambos, estaba celosa, lo presentía, las gatos son así. Ronroneaba solicitando nuestras caricias, Ambos lo hicimos simultáneamente, nuestras manos coincidieron en su torso y ninguno de los dos la desplazó, al revés se unieron, se entrelazaron sintiendo el calor de ambos.

Ahora o nunca, ella avanzó su rostro acercándose a la gatita, pero yo no se aún porque me retire y me encamine hacia mi habitación en la primera planta, mientras lo sé, ella me miraba inquisidoramente, preguntándose que diablos podía ocurrirme.

Había perdido mi momento, estaba claro, era tan fuerte lo que sentía por ella.

Después de varios intentos frustrados de conciliar el sueño decidí bajar a la cocina para tomarme un buen vaso de leche fría que tanto me gustaba.

Permanecí sentado frente al ventanal donde horas antes había dejado escapar mis sueños, mis deseos de locura de tanto tiempo,  sentí ganas de estirar un poco las piernas, así que me interne en la obscuridad de la noche en el lindo jardín que rodeaba la casa de mi amiga.

Un lindo cenador en un pequeño montículo permitía atisbar ligeramente el mar, la sombra de la montaña sobre él,  barcos pescando con apenas la luz del pequeño faro.

Algunas estrellas daban vida a la luna que empezaba a querer salir de su escondite de luna nueva, las nubes parecían atravesarla, como fantasmas, penetrando en su más profundos secretos, como yo tanto deseaba, en su mente, poder conocer sus deseos, sus furias, sus anhelos.

Envuelta en el sutil silencio, sin saber como, apareció junto a mí, tumbada a mi vera, bajo el cenador.

Mi brazo no dudo en acercarla junto a mi sin ninguna excusa, no la necesitaba o al menos eso creía en aquel momento.

Recostó su cabeza en mi pecho y pasaron breves minutos de eternidad que convirtieron en fulminantes hechos nuestros deseos más íntimos.

Ahora sí, le robe con su claro consentimiento aquel beso que antes había dejado en el limbo.  Y la suave piel de su cuerpo convirtió en realidad aquella visión junto al ventanal, la tarde anterior.

Ahora sí……….



María José Luque Fernández-

Reservados Derechos de Autor.






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Poemario.- Añoranza.....