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GRACIAS.- OS ESPERO EN MI NUEVO BLOG.-

Mi segunda novela "Héctor, el niño que supo decir "NO" ,Un nuevo libro de cuentos"Llueven sonrisas, ¿Vienes?y los poemarios "Los camaleones también lloran" y "Cálidos vientos" "Mundos de papel" ya en Amazon

Quedan abiertos Sonrisas de Camaleón, Los Cuentos de Noe , para los que queráis leer, son tantas las letras, los momentos y el sentir vertidos en estos casi 7 años en estos rincón.

Besos y sonrisas miles, Gracias sin sus lecturas no habrían existido mis letras.

Buscarme "Seresilencio" https://seresilencio.blogspot.com.es/

Una muy larga novela será creo lo próximo que llegará durante este obligado descanso, entre momentos que obvio dolores, con calma y quietud.

viernes, 18 de diciembre de 2015

Su pelo salvaje Capítulo II

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El aullido del lobo, resonaba entremezclado  con el rumor del viento que aquella noche era racheado,  despistando,  desorientando a  tan valerosos caballeros que formaban parte de aquella gran estirpe que antaño coronaba el mundo con su sabiduría, su fortaleza.

Sus dotes de mando eran únicas, una leyenda viva, que llevaba muchos años hibernando en  la sombra, esperando la chispa, que hiciera revivir la llama de la esperanza.

Muchos dudaban de su existencia, un mito más, cómo  otros tantos. Pareciales imposible que el mundo del que hablaban hubiera podido existir nunca.

¿Qué podría suceder? ¿Cómo podrían dar un giro de 360 grados los acontecimientos para que terminara aquel horror en el que estaban todos sumidos?

La desidia a veces lleva al caos, los nuevos dirigentes lo sabían, se habían ocupado de que germinara y creciera adecuadamente en el transcurso de los años y la resignación, su fiel compañera, se ocupaba del resto.

La vida transcurría sin apenas darse cuenta, sólo los cambios de estación, alteraban la monotonía en que todo se encontraba estancado.

Las voces se habían apagado. A veces en alguna remota aldea parecían querer resurgir, pero siempre atento, en la sombra, el miedo, conseguía hacerlas acallar, enmudecer.

¿Por qué? Ya nada era igual, ni tan siquiera la nieve cubría ya perpetuamente las altas cumbres.

Un halo rodeaba la luna llena, en aquella fría noche de enero, las nubes acechaban sobre las cimas, allí ancladas como si tuvieran pánico a avanzar hacia la meseta.

Las mentes frías, pensamientos neutros, sin sentimientos a flor de piel, así era cómo estaban acostumbrados a avanzar.

Era la única forma de mantener la guardia alta y todos los francos controlados. Nada  ni nadie podía distraerlos. Era  demasiado importante su labor. Casi imposible su objetivo, inalcanzable en el destino….

Enemigos, los ruidos de la noche, los seres nocturnos, cualquiera  que pudiera romper su tenebroso silencio.

Sin  sobresaltos, siempre en marcha, comían, dormitaban…….No había un segundo que perder.

La rueda se había puesto en marcha y en algún remoto lugar estaba resurgiendo la chispa.

Rezumaba el sudor en el lomo, los ojos cansados, entre abiertos y enrojecidos, el barro y los habitantes diminutos del pantano habían tomado posesión de su musculoso cuerpo.

No podían dejar de avanzar, sentían el empuje. Un fulgor iluminó el cielo en la segunda noche de luna ya decreciente. Parecía un cometa. ¿Lo era?  Una simple estrella como tantas, que en cada anochecer apagan su vida y se esfuman en la obscuridad cómo si nunca hubieran existido.

Mundos paralelos, sensaciones ahogadas, luchadores incansables, vidas miserables sumidas en el pánico.

No había posibilidad  de identificarles, nada significativo les acompañaba. Simplemente avanzaban sin insignia, sin banderas, bajo ningún lema. No seguían un camino predeterminado, no habían trazado una ruta en ningún mapa, todo era puro instinto.

Algo les guiaba y su fortaleza les ayudaba. Una energía irradiada, intangible, pero tan intensa que podía notarse, casi palparse en el ambiente.

Y sin saber cómo ni porque, seguían siempre avanzando sin parar a pesar del frío, del cansancio.

Cómo en el bosque al crecer las retamas se van entretejiendo sus ramas, igual estaba ocurriendo, el telar se iba tejiendo poco a poco, las semillas estaban germinando, un nuevo despertar se estaba esperando en algún momento, en  un lugar sin determinar aún.

La sombra del obelisco se reflejaba en la montaña, parecía un gran coloso, avanzaba paso a paso, al ritmo del sol, según  se iba agostando el día.

Bajo la yerba fresca, aún  húmeda  por la helada de la noche, se hallaba la pieza clave. La yesca que debía ayudar a alumbrar el comienzo del fin, tan ansiado, tan lejano aún.

En la lejanía, el horizonte se teñía de una ligera y tenue pincelada de color naranja  mientras se acercaba el despertar del sol, un nuevo día, que cómo otros muchos, a cada vez más, traía nuevos anhelos de esperanzas.

La superficie del gran lago estaba helada.............

Continuará... 
Letras y fotografía de Maríjose.
Fotografía del  lobo de la red.

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Poemario.- Añoranza.....